Voy a soltarlo de una, sin hielo que, como llevo tiempo detrás de esto, se ha acabado derritiendo.
Ahora me pregunto a qué sabrá la ginebra cerca de la orilla o, lo que es lo mismo, cerca de tus labios, tal vez alcanzados por esas lágrimas de sal. A mí el ron me lo amargan, pero no me he atrevido a cambiar de lubricante social para seguir buscándote por los espejos con esa luz roja tan característica de las noches largas. No te culpo de mi pena, ni mi pérdida, ni mi perdida, pues acabaré encontrándome yo sola, no quiero que me quede otra. Ahora es cuando pienso en el último baile que aún no ha llegado, temo la descoordinación y los contratiempos. También pienso en el primer abrazo que se fue hace tiempo, pero que hemos sido capaces de recrear en no importa el sitio, porque valíamos para eso, para adaptarnos en cualquier lugar que nos ha vivido, pero nunca como suyo, nunca como nuestro.
Al final no sé quién fue más inocente, si nosotras por jugar en un tablero difícil o la suerte por creer que iba a estar siempre de nuestra parte. Procuraré no guardarle rencor, pero ha sido un poco puta para lo bien que nos portamos con ella. La almohada a veces se queja de que la agarro fuerte, lo que sospecho es que sabe poco, porque ha sido a la que menos le he contado y la que más ha oído las ideas de esta cabeza tan ingenua, que se piensa que olvidar será cuestión de días, cuando lo será de vidas. Y esto me preocupa, porque no soy una gata, aunque para la buena verdad prefiero ser valiente con el recuerdo a la espalda, o bajo el brazo izquierdo cerca de la teta. No merece menos.
No me apetece dar explicaciones de más, yo, que doy detalle de hasta el color de mi tanga para contar cómo he vuelto a perder el tren que, a todo esto, adivínalo. Pero es que los demás se creen tener el derecho de cuestionar decisiones ajenas, opinar sin permiso y validar su criterio por encima del mío, del tuyo y, al final, del nuestro, no me da la gana. Me veo en la necesidad de que se me escuche, pero no que se reaccione por ello.
Ah y, otra cosa, la cama no sólo era grande, nos hacía grandes. Espero que te dieses cuenta.
Reconozco que me cuesta entender y asimilar, pero me esfuerzo, como sonreír en cada fin de año, me es difícil y acabo haciéndolo. Supongo que de eso irá la vida, de pasar por ella como cuando andas por la arena, o las piedras, de la playa hasta llegar al agua: me quema, me duele, la siento, pero a la vez me alivia, porque, cuando efectivamente llego al mar, tengo la sensación de estar bañándome en tus ojos cada vez que me veías marchar, aún sabiendo que iba a volver.
Tú sigue siendo fiel al Beefeater, aunque de vez en cuando te encapriches de un Bombay, yo empezaré a elegir un ron, prometido, he aprendido. Gracias.
miércoles, 2 de octubre de 2019
miércoles, 14 de agosto de 2019
Mi arma de doble filo y yo.
No sé cuántas tardes ni cuántas noches llevo durmiendo sin descansar una mierda, las ojeras me delatan y mis pupilas se dilatan cada vez que hay luna. En la oscuridad cualquier luz me molesta y toco la pared para dejarme constancia de que sigo donde estaba, sin testigos y para juicio, estoy jodida. Con lo que me gusta a mí dormir y ahora Insomnio tontea conmigo, "qué es lo que busco, qué es lo que quiero, qué es lo que me gusta que me hagan" y no es momento, tío.
Me duele la cabeza y ojalá fuese de la resaca de la noche anterior en la que me desnudé bailando, sin quitarme nada, empapándolo todo de sudor. Pero no, porque no he salido. Es por ese erre que erre, que no ningún run run, porque esto es más fuerte, más pesado y más agotador. Siento que los días van a paso de procesión, aquí la beata, que se arrodilla poco, pero cuando lo hace no es para rezar y menos a ninguna virgen, luego acompaño a la Dolorosa, por algo será. Últimamente estoy con la religión que no le doy tregua pero es que ha provocado, y lo sigue haciendo, tantas guerras, que al final una opta por coger y hacerla suya, interpretarla de la manera más sucia que se le ocurra, es digna de. Ya está.
Me siento con rabia y frustración. Es como cierta agonía por no controlar tanto como me gustaría las situaciones y la vida, en general. No supero que no todo siempre va a estar al alcance de modificarse por mí misma, que aquí no sólo decido yo cómo deben salir las cosas y que no estoy sola, aunque a veces me sienta así, y no me molesta, no del todo. La soledad es algo que llevo bien siempre y cuando esté a mi lado, si sé lo que hay detrás después y, ves, otra vez. Dejarse llevar suena que te corres del gusto, seguro, pero no puedo, no lo concibo, así que desconozco la manera de hacerlo. En lo que a dejarse llevar se refiere, por suerte.
Me cuesta abrirme en canal incluso conmigo misma, así que probablemente de aquí no salga nada limpio, claro y bonito, pero bueno, hemos echado el rato, otra vez. Es más, jugaría todo al trece a que esto sea de lo más insulso que he escrito, o que estoy dejando ver aquí, pero así es.
Al final, hablo entre líneas y entenderme es complicado, no eres tú, soy yo, que a veces tampoco me comprendo. Pongamos que mi cabeza es un jardín, nada que envidiar a los de Sabatini, y de alguna manera tengo que dejar salir a tantas flores, que se riegan solas para poco, porque nadie se fija en ellas, no por feas, sino porque yo así lo decido, para evitar que sean arrancadas, porque es lo que tiene la especie humana, que cosa que le gusta, cosa que destroza.
Vaya egoísmo llevo por bandera, que ni Dios, otra vez, perdón, es capaz de tocar mis ideas. Y esto me autodestruye de una manera que muchas veces mi mente no aguanta, y así pasa, que no descanso.
Me duele la cabeza y ojalá fuese de la resaca de la noche anterior en la que me desnudé bailando, sin quitarme nada, empapándolo todo de sudor. Pero no, porque no he salido. Es por ese erre que erre, que no ningún run run, porque esto es más fuerte, más pesado y más agotador. Siento que los días van a paso de procesión, aquí la beata, que se arrodilla poco, pero cuando lo hace no es para rezar y menos a ninguna virgen, luego acompaño a la Dolorosa, por algo será. Últimamente estoy con la religión que no le doy tregua pero es que ha provocado, y lo sigue haciendo, tantas guerras, que al final una opta por coger y hacerla suya, interpretarla de la manera más sucia que se le ocurra, es digna de. Ya está.
Me siento con rabia y frustración. Es como cierta agonía por no controlar tanto como me gustaría las situaciones y la vida, en general. No supero que no todo siempre va a estar al alcance de modificarse por mí misma, que aquí no sólo decido yo cómo deben salir las cosas y que no estoy sola, aunque a veces me sienta así, y no me molesta, no del todo. La soledad es algo que llevo bien siempre y cuando esté a mi lado, si sé lo que hay detrás después y, ves, otra vez. Dejarse llevar suena que te corres del gusto, seguro, pero no puedo, no lo concibo, así que desconozco la manera de hacerlo. En lo que a dejarse llevar se refiere, por suerte.
Me cuesta abrirme en canal incluso conmigo misma, así que probablemente de aquí no salga nada limpio, claro y bonito, pero bueno, hemos echado el rato, otra vez. Es más, jugaría todo al trece a que esto sea de lo más insulso que he escrito, o que estoy dejando ver aquí, pero así es.
Al final, hablo entre líneas y entenderme es complicado, no eres tú, soy yo, que a veces tampoco me comprendo. Pongamos que mi cabeza es un jardín, nada que envidiar a los de Sabatini, y de alguna manera tengo que dejar salir a tantas flores, que se riegan solas para poco, porque nadie se fija en ellas, no por feas, sino porque yo así lo decido, para evitar que sean arrancadas, porque es lo que tiene la especie humana, que cosa que le gusta, cosa que destroza.
Vaya egoísmo llevo por bandera, que ni Dios, otra vez, perdón, es capaz de tocar mis ideas. Y esto me autodestruye de una manera que muchas veces mi mente no aguanta, y así pasa, que no descanso.
jueves, 11 de julio de 2019
Génesis.
Ave María purísima, sin pecado concebida.
Si a las paredes les gusta hablar, en ese momento, se quedaron mudas. De ellas se notaba cómo resbalaba una humedad apetitosa, pegajosa, con la que, tímidamente, nos dejamos envolver. Luego explica el pelo encrespado, será el clima tropical, echándole imaginación.
Si llovió después fue porque el cielo se corrió antes sólo con vernos. Relamernos la boca, cada una la suya, antes de que amanezca es un deporte de alto riesgo, y así lo declara tu sexo.
Bendita tú no eres de entre todas las mujeres. Tampoco entrelazaste tus manos, pero sé que, cuando te volviste, rezaste un deseo por el que tus ojos ya te habían delatado. Para la próxima, podemos arrodillarnos a la vez, juro respetar las distancias. Perdóname Dios, porque sabemos lo que hacemos y, además, lo queremos. Nos acabaremos quitando la venda y la vergüenza para, finalmente, buscarnos en el infierno, porque somos iguales. Que nadie se apiade, porque tenemos más deseo que lamento, porque la enfermedad que padecemos nos hace más vivas, y porque al resto de las calles le da morbo, mínimo, mirar, haciéndose eco de lo visto, oído, tocado, degustado. Del olor ni rastro, somos pulcras.
Te pido que volemos por encima de cualquier acera de la ciudad que nunca duerme, y no conciliar el sueño eterno aún, que nos queda declararnos la guerra, gritar nuestros nombres, atacar con las manos y tanta paz quede en el aire como gloria sintamos.
Y ojalá no ardan nuestras alas, porque no hay pureza más bonita que dos ángeles dándose un abrazo de despedida tardía. Nos volveremos a ver, en nosotras queda el pecar, no en el destino.
Amén, Pater.
Si a las paredes les gusta hablar, en ese momento, se quedaron mudas. De ellas se notaba cómo resbalaba una humedad apetitosa, pegajosa, con la que, tímidamente, nos dejamos envolver. Luego explica el pelo encrespado, será el clima tropical, echándole imaginación.
Si llovió después fue porque el cielo se corrió antes sólo con vernos. Relamernos la boca, cada una la suya, antes de que amanezca es un deporte de alto riesgo, y así lo declara tu sexo.
Bendita tú no eres de entre todas las mujeres. Tampoco entrelazaste tus manos, pero sé que, cuando te volviste, rezaste un deseo por el que tus ojos ya te habían delatado. Para la próxima, podemos arrodillarnos a la vez, juro respetar las distancias. Perdóname Dios, porque sabemos lo que hacemos y, además, lo queremos. Nos acabaremos quitando la venda y la vergüenza para, finalmente, buscarnos en el infierno, porque somos iguales. Que nadie se apiade, porque tenemos más deseo que lamento, porque la enfermedad que padecemos nos hace más vivas, y porque al resto de las calles le da morbo, mínimo, mirar, haciéndose eco de lo visto, oído, tocado, degustado. Del olor ni rastro, somos pulcras.
Te pido que volemos por encima de cualquier acera de la ciudad que nunca duerme, y no conciliar el sueño eterno aún, que nos queda declararnos la guerra, gritar nuestros nombres, atacar con las manos y tanta paz quede en el aire como gloria sintamos.
Y ojalá no ardan nuestras alas, porque no hay pureza más bonita que dos ángeles dándose un abrazo de despedida tardía. Nos volveremos a ver, en nosotras queda el pecar, no en el destino.
Amén, Pater.
El jardín de las delicias, de El Bosco.
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