sábado, 19 de agosto de 2017

Para Italia.

Esto no es una pequeña parte de "Romeo y Julieta" que escribió Shakespeare para calar y hacer pensar en el amor irreal e ilógico, ni tampoco uno de los tantos prólogos que escribía Petrarca a Laura expresando lo más íntimo por y para ella, ni siquiera algo de poesía contemporánea como la que de vez en cuando lees en la cama. Esto no es una carta de recuerdo largo, ni de amor, ni la de Reyes que este año se me olvidó mandar y cómo me arrepiento, ni la que se escribe para luego meterla en una botella de cristal y lanzarla al Mediterráneo esperando a que la encuentres, o para quemarla en la hoguera de San Juan con el propósito de olvidar, o pedir que se cumpla.
Aquí no te voy a preguntar si eres suerte o casualidad, o todo junto; si nos reímos del destino un rato y, además, le ponemos frenos. Si Italia es bonito, tanto como escucho en clase cada vez que se habla de Keats; si lo mejor es su pasta o el idioma cuando lo aprendes, o si Roma se vuelve Venecia y le hace competencia en la cama a París. Tampoco te voy a pedir que vuelvas pronto, o que vuelvas, porque luego te vas, porque no te gusta la monotonía ni estar en un sitio mucho tiempo, aunque, ¿cuánto es mucho tiempo? No pretendo echarte de menos, o convertirte en un problema, o que te desveles al pensar si seguiré durmiendo sola, o ser una despedida importante. No creas que te escribo para decirte que estoy mal, asustada o enfadada porque ahora me hayas sorprendido entrando en mi vida. Sólo quiero que pierdas unos minutos en recordar que la vida es tranquila hasta que te sonríe un huracán, y, calma, no te asustes, porque aunque el huracán venga con fuerza, es débil y en algún momento se puede ir. O no, porque no solo depende de él, sino también de ti. Aviso que huir es de cobardes, pero a veces una retirada a tiempo es una victoria, aunque créeme, ya es tarde; que no te despertaría si no es para ver cómo te confiesas humana.
Y no pienso terminar de escribir diciendo lo que se dice siempre en una carta, porque ya te he dicho que esto, no es una carta; además, lo que se dice queda entre nosotras, siento no fiarme del cartero.

Pero, ya en serio: disfruta, no lo olvides.


Atte.: (  ) piccolo uragano.

jueves, 3 de agosto de 2017

Mi naturaleza.

A la vida, que le he dado forma de pirámide y de círculo, yo, tan simplemente retorcida.

Ahora es cuando le doy otra forma, la de sus piernas. Creo que es la más bonita de todas sus transformaciones, la que más vértigo me provoca cuando me asomo desde el acantilado de sus caderas y la que más deseo despierta en mí si la miro desde abajo. Me convierto en pantera por sus muslos dejando, con mucho sentimiento, pequeños arañazos que delatan las ganas de comerme todas sus curvas hasta llegar a la cascada para saciar mi sed; siempre noto que por esta selva la temperatura es muy elevada y la humedad de ella es también mi sudor. Debería tener cuidado, en esta vida las arenas movedizas se encuentran cerca de su ombligo, una zona bastante tentadora cuyo calor es tan fuerte que te deja perdida y te arrastra hasta lo más profundo de su ser en donde sólo te permite ver el pozo de su boca suspirar. Confieso que, si se da la vuelta, es fascinante el paisaje que se posa en su espalda, aquí es cuando me convierto en un feo saltamontes que va de lunar en lunar hasta llegar al famoso valle, escenario que enseña la luna llena todas las noches, sobre todo de verano, y nunca llueve.

Todavía no tengo claro dónde quiero vivir, si en el aire de su pelo, en el fuego de sus ojos o en el agua de su boca. Sólo hay una zona que no me atrevo, en los terremotos de sus dedos después de cada orgasmo, ahí es muy difícil dormir y, de vez en cuando, necesito descansar.


Sigo sin decidir dónde quedarme porque lo cierto es, que esta vida me gusta demasiado como para estancarme en un único lugar, así que tal vez lo mejor sea viajar por todo su cuerpo hasta morir ahogada a causa de las inundaciones de entre sus piernas, o por ese miedo agónico que me entra cuando escucho sus finos suspiros y afinados gemidos, cuando me encuentro sola con su cuerpo, en la noche.