Que entre el
frío, te quieres congelar, no notarte nada, quemarte y sentirte viva. Por este
orden.
El
calendario tiene tanta pena que se le caen los días a destiempo y te está
dejando a ti sola mirando el pasado hasta que te canses. Se ha declarado el
estado de alarma ante el estallido provocado en el Ministerio del Tiempo: los
relojes solicitan más arena, los relojeros se han echado a la calle
reivindicando su derecho a tener más horas, el invierno llegó a primeros de
septiembre y aún no se ha ido, y en Madrid ya no se corre para coger el tren,
se vuela. Desde que no contamos los meses el tiempo se ha revolucionado, avanza
y retrocede cuanto le da la gana. Tiempo de suspiros es lo que hace falta como
agua de mayo.
Esperas a
ver qué pasa y lo único que pasa es la vida, se te escapa entre las manos
mientras tu mirada está puesta en tus pies quietos esperando a escuchar la
señal como si tu cuerpo fuese un trono de la santa semana cuyo peso cae sobre
tu espalda y pides calma, más. Haz el favor, dedícate una levantá.
La verdad de
golpe duele tanto como la mentira a sorbos y cerrar el bar siempre es el plan,
da igual en el lado de la barra en el que estés porque para ti hay sitio
siempre y para mí sólo a ratos, si llego contiempoconlosbrazos –y las piernas–
abiertosconunasonrisa, de rojo, mejor. Ya lo ves, yo a veces con, tú habitualmente sin.
Si siempre te dices
nunca, nunca será siempre.
03/febrero/2016, 20:54
No te
quieres dañar porque lo cierto es que ya estás rota y no sabes cuánto más debes
soportar para explotar y brillar como un fuego artificial. Te quedas a que
suceda ese algo que te prenda te coloque con su aire te ensordezcas con tu
propio ruido que da el aviso de prepararse porque estas a punto de despegar,
nada te para cuando empiezas a crecer y pum.
Ojalá te cruces por mi cielo contaminado y los milanos negros se asusten de tu
esplendor.
Ya lo decía
Dorian, si quieres verme vas a tener que explorar todos esos desiertos que no
puedo abandonar, ni quiero hacerlo. Es por mí, no por ti.
La prisa por
decir las cosas viene dada por mi falta de puntualidad. Es curioso llegar tarde
a una cita cuando directamente no la hay, tu ausencia marcaba mis pasos
apresurados que me provocaban quedarme sin aliento, quería estar aun sabiendo
que tú todavía no. Nuestro ritmo parecía ser incompatible y nos encabezonamos
en ir acompasadas pese a encontrarnos lejos, porque estando juntas ya lo conseguíamos,
después no.
Se podría
decir que tu reloj y mi reloj juegan a ritmos distintos, tú mides las horas y
yo los minutos. Tú no puedes, ni quieres, vivir a contrarreloj y yo no quiero,
ni puedo, vivir con tiempo.

La persistencia de la memoria, Salvador Dalí.