domingo, 23 de febrero de 2020

La persistencia de la memoria.

Que entre el frío, te quieres congelar, no notarte nada, quemarte y sentirte viva. Por este orden.

El calendario tiene tanta pena que se le caen los días a destiempo y te está dejando a ti sola mirando el pasado hasta que te canses. Se ha declarado el estado de alarma ante el estallido provocado en el Ministerio del Tiempo: los relojes solicitan más arena, los relojeros se han echado a la calle reivindicando su derecho a tener más horas, el invierno llegó a primeros de septiembre y aún no se ha ido, y en Madrid ya no se corre para coger el tren, se vuela. Desde que no contamos los meses el tiempo se ha revolucionado, avanza y retrocede cuanto le da la gana. Tiempo de suspiros es lo que hace falta como agua de mayo.
Esperas a ver qué pasa y lo único que pasa es la vida, se te escapa entre las manos mientras tu mirada está puesta en tus pies quietos esperando a escuchar la señal como si tu cuerpo fuese un trono de la santa semana cuyo peso cae sobre tu espalda y pides calma, más. Haz el favor, dedícate una levantá.
La verdad de golpe duele tanto como la mentira a sorbos y cerrar el bar siempre es el plan, da igual en el lado de la barra en el que estés porque para ti hay sitio siempre y para mí sólo a ratos, si llego contiempoconlosbrazos –y las piernas– abiertosconunasonrisa, de rojo, mejor. Ya lo ves, yo a veces con, tú habitualmente sin.

Si siempre te dices nunca, nunca será siempre.
03/febrero/2016, 20:54

No te quieres dañar porque lo cierto es que ya estás rota y no sabes cuánto más debes soportar para explotar y brillar como un fuego artificial. Te quedas a que suceda ese algo que te prenda te coloque con su aire te ensordezcas con tu propio ruido que da el aviso de prepararse porque estas a punto de despegar, nada te para cuando empiezas a crecer y pum. Ojalá te cruces por mi cielo contaminado y los milanos negros se asusten de tu esplendor.
Ya lo decía Dorian, si quieres verme vas a tener que explorar todos esos desiertos que no puedo abandonar, ni quiero hacerlo. Es por mí, no por ti.
La prisa por decir las cosas viene dada por mi falta de puntualidad. Es curioso llegar tarde a una cita cuando directamente no la hay, tu ausencia marcaba mis pasos apresurados que me provocaban quedarme sin aliento, quería estar aun sabiendo que tú todavía no. Nuestro ritmo parecía ser incompatible y nos encabezonamos en ir acompasadas pese a encontrarnos lejos, porque estando juntas ya lo conseguíamos, después no.
Se podría decir que tu reloj y mi reloj juegan a ritmos distintos, tú mides las horas y yo los minutos. Tú no puedes, ni quieres, vivir a contrarreloj y yo no quiero, ni puedo, vivir con tiempo.




La persistencia de la memoria, Salvador Dalí.